Tuesday, 8 December 2015

Alquézar, belleza y paz

Estos días he tenido la suerte de descubrir un lugar de esos donde, solo llegar, ya sientes dentro de ti la calma que impera en cada Rincón de esta bella población en el norte de Huesca, en el Pirineo Aragonés: Alquézar.



Callejones solitarios de piedra, olivos autóctonos, silencio, rutas para hacer a pie, vistas increíbles  y centenares de caminos verticales para los amantes de la escalada. En temporada alta (verano) es un hervidero de amantes montañeros, hecho que se puede intuir por la gran cantidad de hoteles. Así que, si como yo os gustan los espacios tranquilos, visitar Alquézar en invierno es una delicia para encontrar belleza y paz.



Compartiré aquí una ruta singular y tranquila, que sigue el río Vero, y que va discurriendo a través de pasarelas colgantes. En menos de un par de horas, este camino circular apto para toda la familia sale de encima de la Plaza Mayor, por un caminillo de piedra que baja hacia el río. En esta época del año, diciembre, todo el camino queda escondido por una alfombra de hojas secas.


Una vez llegado al río, el camino se eleva por las pasarelas metálicas, en dirección a la central eléctrica. Es una delicia caminar encima del agua color turquesa que sigue su rumbo por una cascada y bonitos rincones debajo de grandes desfiladeros.




Hacia el final del camino, éste empieza a subir rodeado de olivos, en dirección al pueblo, justo debajo de la Colegiata, una magnífica construcción que se recorta de forma imponente encima de Alquézar.



Redondeamos el día con un magnífico bocadillo en l'Artica, una granja - panadería donde comer con vistas a los desfiladeros bajo la atenta mirada de las Águilas o los Quebrantahuesos es una delicia para todos los bolsillos. Las combinaciones de longaniza de Graus en medio de tortilla o con queso de cabra, son algunas de sus singularidades, unos postres de lujo e, incluso, tienen un pack con una bolsa-mochila de regalo, con un picnic para ir de excursión.



Alquézar es de esos lugares Singulares para ir a alimentar el alma con su manjar preferido: la belleza y el silencio.



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