Thursday, 28 November 2013

Lucca, un rincón singular en el corazón de Italia

El tren desde Pisa no dejaba mucho tiempo para ojear la guía de la ciudad. Los días anteriores no tuve mucho tiempo para mirarme los tesoros que este rincón italiano me estaba a punto de ofrecer.

Sus calles estrechas, con edificios algunos viejos, otros antiguos, hacían que cada búsqueda de iglesias, plazas, Duomos, etc. se convirtiera en un juego. Detrás de cada angosto recodo se abría el espacio que dejaba paso a San Michele, el Duomo o San Frediano, por citar algunas. Construcciones que, con el contraste de las sombrías calles, parecían hechas con halos de luz que te insuflaban aire con que maravillarse por su infinidad de detalles y majestuosidad.

Otro detalle curioso, y que a mi gusto esta ciudad ha ganado muchos puntos, es el hecho de que las marcas de tiendas que estamos más acostumbrados a encontrar por doquier, no fueran presentes. Ni Zaras, ni Pull and Bears, Springfield, Bershkas... nada de nada... La mayoría, tiendas italianas o de otras marcas que no tengo tan presentes. Genial. Para mi, otro atractivo a admirar.

A medida que la noche se dejaba caer los transeuntes se iban multiplicando, hasta el punto que pasear por la calle Fillungo se complicaba por momentos. Así que éste fue el momento de perderse por los callejones estrechos y tiendecillas originales. Así, vagando sin rumbo encontramos la casa museo de Puccini, cerca de la catedral de San Michele o el anfiteatro.





Sin tener tiempo para cenar, el tren no esperaba para volver a Pisa y visitar la torre al día siguiente. Cosa que me supuso la mención The Best Photo of the Day de #instapisa por la siguiente foto:





Monday, 25 November 2013

Cala Rustella, el Rincón Singular de Joan Juanola

Hoy voy a compartir el Rincón Singular de un buen amigo, Joan Juanola. Le agradezco mucho que se haya molestado (aunque sé que no ha sido mucha molestia ;) y me haya contado este lugar tan especial en Roses, Costa Brava. (Si quieres compartir tu Rincón Singular, ponte en contacto conmigo en edtarres@gmail.com)


"Unos dicen que al llegar a cierta edad es aconsejable que uno vuelva a la infancia, a los recuerdos de inocencia, a la felicidad, a las agradables experiencias....una especie de compensación por los años perdidos intentando maquillar tensiones, estrés, agobios. Otros dicen que es mejor no abandonar ni olvidar nunca el niño que llevamos dentro y así no hacer en las trampas que nos tiende la vida. Yo me siento un ser afortunado ya que hace mucho tiempo que recuerdo mi infancia, ciertos momentos, y al mismo tiempo sigo jugando muy a menudo con ese niño travieso que llevo dentro. Unas aficiones que me gusta compartir con las gentes a las que quiero a los que suelo llevar a mi paraíso particular, mi rincón singular, mágico, telúrico. Y tanto es ello así que ya he dejado bien claro, preciso y conciso que cuando me vaya quiero que mis cenizas se queden ahí para toda la eternidad, en  Cala Rustella.



Ya de pequeño iba allí. Mi padre era el encargado de la finca y los domingos del boom pre turismo de los sesenta toda la familia subía a la moto para disfrutar soledades y picnics memorables. Obviamente esa sabiduría i “savoir faire” los he transmitido a mis hijas y a mi mas allegados familiares y/o amigos llegando al extremo de plantar la tienda de camping y quedarnos ahí unas semanas: Una dicha hoy en día prohibida por los rituales crematísticos-consumistas.




Últimamente voy muy a menudo y no precisamente para tomar medidas o elegir lugar idóneo. Lo mío es ya más bucólico. Cerca ya de los sesenta, en el paro y sin posibilidad alguna de retomar no sé qué trenes, tengo mucho tiempo para dedicarme a las dos pasiones de mi vida, leer y hacer fotos. Mi espíritu, alma o como se diga eso que me empuja hacia allí, me lo agradece día tras día, ya que así reencontramos la paz, la tranquilidad y comulgamos intensamente con el entorno, con esa naturaleza que sentimos cada día más y más viva. Y todo ello gracias a haber leído por ahí que para contactar con el interior con es necesario adoptar posturas raras, ni destrozarse la columna vertebral ni arruinarse con incienso, alucinógenos o estimulantes químicos. Basta con sentarse tranquilo y respirar profundamente. Y eso hago y a ello me dedico, es como dejar que las olas me pasen y besen, que las nubes vayan a lo suyo y vuelen, que el sol o la luna me acaricien, y todo con un claro objetivo: que se calle ya de una vez, que deje de mandar, de imponer, de dirigir, de reclamar caprichos efímeros, banales.




Gracias a La Rustella, la naturaleza vive en mi, mi espíritu mi alma gozan y viven plenamente el instante, el momento y todo ello porque sus ritmos, su latir, su respirar invitan siempre y a toda hora a que la mente pare, calle. Pues eso. Que calle."

Joan Juanola


Monday, 18 November 2013

La gente singular hace un lugar singular? Perdido en las calles de Rodos, Grecia.

Hay lugares que se convierten en singulares dependiendo de la época del año en que vayas.
Y Rhodes, una de las maravillas del Dodecaneso, es una de ellos.

La primerva vez que aterricé en esta ciudad fué en verano. De lo peor que nunca había visto. Calor, turismo excesivo, exageración de todo... Claro está que todos los prejuicios se infundaron antes de entrar en la muralla medieval.

Volver en invierno (para acabar de desarrollar el proyecto) fue como encontrar un tesoro. Con todas las ideas preconcebidas, tópicos y todo lo malo que te puedas imaginar, las bajas temperaturas lo cambiaron todo.

No había nadie, calles desiertas, todo cerrado... Pero esta soledad fué un bálsamo que me permitió descubrir, de otra manera, cada rincón de esta maravillosa ciudad.



Sus calles son laberintos donde vagar sin rumbo... El tiempo se detiene y, por momentos, uno pierde la noción de la hora y del año en qué se encuentra. Calles atemporales gastadas. Recobecos de la historia que tiñen cada piedra que pisas. Calles estrechas llenas de exclamaciones por sus numerosos detalles artísticos que el tiempo, con su paciente quehacer, se ha encargado de esculpir con la mayor de las maestrías. Tiendas, restaurantes y tavernas con ambientes y productos especiales acaban de deleitar a los que nos dejamos llevar.



Y aunque todo esto sea especial, nada hay como sus gentes. Gente que convierte cualquier cena o copa en un momento que nunca olvidarás. Hacer amigos que perduran en el tiempo, que cuando los vuelves a ver después de casi 10 años y sientes que el tiempo no ha pasado. Continuas como si hubieras estado con ellos la noche anterior.



Habrá alguna relación entre entornos singulares y la gente que los habita? Yo creo que sí... que un espacio singular no puede existir sin personas singulares. La gente que hace las cosas bien hechas pone su alma en ello, y esto, se nota, vayas donde vayas.

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Friday, 15 November 2013

Momentos que nos enseñan que tenemos que cambiar... Reflexiones en Pushkar, India

Hoy que la fría Tramuntana ha hecho bajar las temperaturas de verdad y el invierno ha asomado su nariz (no era muy normal ir en camiseta en noviembre), me he acordado de un rincón muy singular. Un rincón que he visitado cada vez que he ido a la India. Un lugar caluroso que cuando se pone el sol, uno siente un calor que va más allá de la propia temperatura y siente su alma abrigada.

Pushkar, en el Rajhastan, es de esos lugares, para quién no lo conozca, que tiene sus detractores y sus enamorados. No entraré en discusiones ni juicios. Voy a hablar de un rinconcillo de la ciudad que se transforma en el momento de decirle al Sol, hasta mañana.



Este pueblo está construido alrededor de un lago que los indues consideran sagrado. Y en uno de los Ghats, que queda cerca de la entrada del pueblo, a medida que el sol va desapareciendo por detrás de las colinas más cercanas, empieza a aparecer gente, tanto autóctonos como extranjeros, para ver un gran espectáculo. La naturaleza con la ayuda de los humanos, construye un rincón singular donde vivir una experiencia personal de esas que sedimenta lentamente en el fondo del corazón y la memoria.

Sentados en la terraza de un hotel, en unos sillones de caña o mimbre bastante castigados por el tiempo, mientras tomamos un buen te indio, unos músicos se sientan delante del ghat con sus tambores. Silencio sobrecogedor.

Los tonos amarillentos y claros dejan paso a los ocres y ámbares mientras las sombras van apagando la luz, y la música de los tambores empieza a sonar. Cada golpe de percusión es un acto de respeto y conciencia. Tum Tum... Estar en el aquí y ahora... Tum Tum... No hay nada más... Tum Tum... Ver la luz desaparecer... las casas blancas y de tonos pasteles que se van borrando y difuminando... Tum Tum... las siluetas de los músicos se confunden con las sombras... Es un momento muy íntimo, que aunque vayas acompañado, sientes que es tu momento, de plena conciencia.



Es de esos momentos a lo largo de cualquier viaje que sientes que tienes que cambiar cosas... que cuando vuelvas lo harás todo diferente... Es un momento que solemos pensar en las cosas que hacemos mal y que podriamos mejorar... el problema es que, normalmente, a la vuelta, la realidad que hemos construido se nos impone. Seremos capaces de cambiar esta realidad?

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Viaje a la India con El Camino del Buda

Acabo de ver cumplido uno de mis sueños; poder acompañar un grupo para conocer la India. Cuando inicié el proyecto SONIDO ALQUIMICO, tenía...